Justificación

Históricamente, múltiples relaciones, intercambios, inmigraciones e hibridaciones acentuaron la diversidad étnica, cultural, epistémica, económica y religiosa entre miembros y grupos de estas sociedades, generando posibilidades de construcciones y (re)creaciones inusitadas. Sin embargo, las relaciones entre los diferentes también fueron marcadas por conflictos, segregaciones, privaciones, prejuicios, discriminaciones, colonialismos y violencias, lo que exige atención y esfuerzos en el sentido de problematizar las relaciones de poder que los producen.

En este sentido, urge un posicionamiento ético y político empeñado en asegurar la dignidad humana y en propiciar relaciones de alteridad entre diferentes culturas, enfrentando procesos que forjan identidades y diferencias a partir de un referencial estandarizado de ser, pensar, actuar y vivir. Construir colectiva y dialécticamente las posibilidades históricas de cambio en las relaciones sociales que consideren la diversidad cultural, los saberes locales y otras formas de desarrollo son desafíos a las sociedades latinoamericanas y caribeñas de la contemporaneidad.

En la actualidad, dadas a las múltiples formas de explotación, dominación y degradación de la naturaleza y de la propia dignidad humana, diferentes sujetos, grupos y movimientos sociales luchan para revitalizar alternativas que hagan frente a los modelos hegemónicos de desarrollo. En este intento, los principios ancestrales del Buen Vivir despuntan como una salida posible, pues se asientan en relaciones equilibradas entre lo humano y la naturaleza, a partir de una visión de integración e interdependencia.

El buen vivir, al lado de la Interculturalidad, puede fomentar nuevas formas de construcción de la realidad y propulsar otras lógicas de desarrollo, que busquen superar las asimetrías de poder existentes entre las culturas – as cuales legitiman procesos de colonización del ser, saber y vivir – y instaurar otros modos de se relacionar con la naturaleza, no más como una mercancía a ser expropiada pelo sistema económico capitalista.

En ese contexto, encontrase la problemática de las migraciones. Aunque el hecho de migrar se a una característica de la especie humana, con el fenómeno de la globalización, hubo la intensificación de las conexiones y relaciones en escala mundial, en una multiplicidad de áreas de la vida social, lo que facilitó y hasta estimuló el proceso migratorio.

Así, el IV SICDES, al proponer el debate de las relaciones entre Migraciones, Interculturalidad y Buen Vivir, intenta ofrecer espacios de diálogos, intercambios y alianzas acerca del desafío emergente de reconocimiento de las identidades culturales y la promoción de la dignidad humana, buscando la construcción de alternativas epistemológicas y pedagógicas que subsidien la promoción de otras lógicas de desarrollo en los territorios, de manera más justa, colaborativa y solidaria.

La Interculturalidad y el Buen vivir colocan el desarrollo de los territorios a servicio de la dignidad humana y no de los mercados, contribuyendo para superar la violencia epistemológica que caracterizó el encuentro asimétrico de las culturas. Contribuir para la profundización de tales perspectivas justifica la concretización del presente proyecto.